Teoría polivagal · Artículo 6

Qué cambia en la terapia cuando piensas en clave polivagal

No existe la terapia polivagal, y conviene decirlo. Lo que existe es una forma de leer el estado del paciente que reordena la secuencia del tratamiento: primero la fisiología, después el contenido. Cómo se articula esto con EMDR, IFS y la terapia asistida con psicodélicos.

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Oscar Rivas, PhD

· 15 min de lectura

Lo primero que hay que decir en un artículo con este título es lo que el título podría hacer creer y no es cierto: no existe la terapia polivagal. No hay un protocolo, no hay un manual con fases numeradas, no hay ensayos controlados que evalúen su eficacia frente a un tratamiento estándar. Quien la vende como método con evidencia demostrada está afirmando bastante más de lo que se sostiene.

Lo que sí existe es una forma de mirar. Y en mi experiencia clínica esa forma de mirar cambia decisiones concretas: qué hago en los primeros diez minutos de una sesión, cuándo decido que un paciente está listo para acercarse a su trauma, y qué hago cuando en medio de un procesamiento se le apaga la cara.

La pregunta que cambia el orden de todo

Antes de conocer este marco, mi pregunta al empezar una sesión era la que hace casi todo el mundo: qué vamos a trabajar hoy. Ahora la pregunta previa es otra: en qué estado está entrando esta persona. Y solo después de responderla decido si lo que había previsto trabajar es posible.

Esto no es un refinamiento estilístico. Es un cambio de orden con consecuencias. Porque si los tres estados determinan qué capacidades están disponibles —y ese fue el argumento del segundo artículo de esta serie—, entonces buena parte de lo que pedimos a los pacientes en psicoterapia solo es realizable desde uno de los tres.

FiguraDos vías de intervención y el orden en que se usan
DimensiónDe abajo hacia arribaDe arriba hacia abajo
Punto de partidaEl cuerpo: respiración, postura, movimiento, tono de voz, orientaciónEl pensamiento: creencias, narrativa, significado, reestructuración
Cuándo funcionaEn cualquier estado, incluso en colapso o hiperactivación intensaSolo con suficiente vago ventral activo: hace falta corteza disponible
Qué pide al pacienteNotar, sentir, moverse, dejar que el sistema se asienteReflexionar, argumentar, encontrar perspectiva, sostener dos ideas a la vez
Riesgo de usarlo malQuedarse en la regulación y no procesar nunca el contenidoPedir insight a una fisiología que no puede darlo: el paciente se siente fracasado
Lugar en la secuenciaPrimero: crear el estado en el que el trabajo es posibleDespués: trabajar el contenido desde un sistema que ya sostiene

No son escuelas rivales: son un orden. La pregunta clínica no es cuál de las dos es mejor, sino en qué estado está el paciente ahora y, por tanto, cuál de las dos puede aprovechar.

Las intervenciones de abajo hacia arriba parten del cuerpo: respiración, postura, movimiento, orientación, tono de voz. Funcionan en cualquier estado, incluso en colapso o hiperactivación, porque no dependen de la corteza. Las de arriba hacia abajo parten del pensamiento: creencias, narrativa, significado, reestructuración. Solo funcionan con suficiente vago ventral activo. No son escuelas rivales sino un orden: primero crear el estado en el que el trabajo es posible, después trabajar el contenido.

La lista de lo que exige vago ventral es incómodamente larga: reestructurar una creencia, considerar una perspectiva alternativa, sostener ambivalencia, encontrar significado, sentir compasión hacia uno mismo, recordar sin quedar atrapado en el recuerdo. Todo eso requiere corteza operativa. Y la corteza se retira cuando el sistema entra en defensa.

De modo que pedirle insight a un paciente en colapso no es una intervención poco eficaz: es una intervención imposible, con el añadido de que el paciente registra su incapacidad como un fracaso propio. Ha ocurrido algo peor que nada.

Regular primero, procesar después

La formulación clásica de esto en el campo del trauma es el modelo por fases, que Judith Herman articuló ya en 1992 y que no necesita ninguna teoría polivagal para justificarse: primero seguridad y estabilización, después procesamiento del trauma, finalmente reconexión con la vida.

Lo que la lectura polivagal aporta es criterio para saber dónde estamos. Porque la primera fase no termina cuando el paciente dice que ya se siente mejor, ni cuando han pasado el número de sesiones que preveíamos. Termina cuando su sistema nervioso puede sostener el contacto con el material traumático sin desorganizarse. Y eso se comprueba en indicadores corporales, no en declaraciones.

La condición operativa que uso es la doble atención: el paciente debe poder mantener a la vez el recuerdo y la conciencia de estar aquí, en esta habitación, en este año, con esta persona. Si esa segunda mitad se pierde, no hay procesamiento. Hay reexposición. Y reexponer a alguien a su trauma sin capacidad de integrarlo no es terapia: es repetir el daño en un despacho con diplomas en la pared.

El objetivo no es que el paciente recuerde. Es que pueda recordar sin volver allí.

Oscar Rivas

Titulación y pendulación: dosis y vaivén

Dos herramientas que vienen del trabajo somático de Peter Levine y que este marco explica bien.

La titulación es dosificación. En lugar de abordar el episodio completo, se trabaja con un fragmento pequeño: un detalle, una imagen, una sensación. Lo suficiente para activar el sistema, no tanto como para desbordarlo. La metáfora química es exacta: se añade gota a gota porque verter todo el reactivo de golpe produce una reacción que no se controla.

La pendulación es vaivén. Se toca el material, se activa el sistema, y antes de que la activación se descontrole se regresa deliberadamente a un estado regulado: la respiración, un recurso, el contacto con la habitación. Y después se vuelve. Lo que el sistema aprende en ese movimiento no es el contenido del recuerdo, que ya lo tenía. Aprende que la activación es reversible, que se puede entrar y salir. Para muchos pacientes, esa es la experiencia nueva.

Dónde encaja con los tratamientos establecidos

Insisto en que esto no compite con los tratamientos con evidencia: los acompaña. Con las terapias que tienen mejor respaldo empírico en trauma, la lectura polivagal aporta criterio de proceso, no una alternativa.

  • EMDR: el protocolo ya incluye fases de preparación y de instalación de recursos. La lectura polivagal ayuda a decidir cuándo la preparación es suficiente y a detectar, durante la fase de desensibilización, que el paciente está descendiendo al dorsal en lugar de procesando, algo que a veces se confunde con una sesión tranquila.
  • Terapias cognitivo-conductuales centradas en el trauma: aportan la estructura y la eficacia demostrada. El marco polivagal ayuda a entender por qué determinados pacientes no avanzan con ellas, no por resistencia, sino porque su estado basal no les permite acceder a las tareas cognitivas que la terapia requiere.
  • Sistemas de la familia interna (IFS): la noción de partes protectoras y el modelo de estados autónomos se iluminan mutuamente. Un protector en modo lucha y otro en modo apagado son reconocibles como configuraciones simpáticas y dorsales, con la ventaja de que el paciente lo nota en el cuerpo.
  • Terapia asistida con MDMA: aquí la conexión es directa y es una de las razones de mi interés en este campo. El efecto más citado de la MDMA en contexto terapéutico es la reducción del miedo a acercarse al recuerdo, algo que en clave polivagal se describe como sostener vago ventral suficiente durante la exposición al material. La sustancia no procesa nada por sí sola: hace posible un estado en el que el procesamiento puede ocurrir.

Los tres usos malos que más veo

Llevo suficientes años supervisando para haber visto cómo un marco útil se convierte en un problema. Tres formas recurrentes.

La primera: quedarse en la regulación. Terapias que llevan tres años haciendo ejercicios de respiración, escaneos corporales y trabajo de recursos, y en las que el trauma no se ha tocado nunca. Es cómodo para los dos: el paciente no se desestabiliza y el terapeuta no se enfrenta a material difícil. Pero regular no es tratar. La estabilización es una fase, y una fase que no termina se llama estancamiento.

La segunda: presentarlo como ciencia cerrada. Decirle a un paciente que su síntoma es su vago dorsal, con la seguridad con que se le diría que su fractura es del radio, es faltar a la verdad sobre el estado de la cuestión. El próximo artículo detalla por qué.

La tercera, la más grave: sustituir el diagnóstico diferencial. Fatiga, embotamiento, niebla mental y pesadez pueden ser un estado dorsal. También pueden ser hipotiroidismo, anemia, apnea del sueño, un déficit vitamínico o un tumor. Un marco que explica los síntomas con elegancia es peligroso precisamente por eso: hace que dejes de buscar. Leer el estado autónomo de un paciente no exime de descartar lo que hay que descartar.

Lo que me sigue pareciendo lo más valioso

Si quito todo lo discutible y me quedo con lo que uso todos los días, es esto: un lenguaje para hablar del cuerpo con el paciente que no lo culpa.

Decirle a alguien que su sistema nervioso lo protegió del único modo que pudo no es una técnica ni un truco de encuadre. Es, en la mayoría de los casos, una descripción exacta de lo que ocurrió. Y hay pacientes para los que esa descripción es la primera cosa que oyen sobre su historia que no los deja peor de lo que estaban.

Referencias

  1. Herman, J. L. (1992). Trauma and Recovery. Basic Books. [Trad. esp.: Trauma y recuperación. Espasa.]
  2. Levine, P. A. (2010). In an Unspoken Voice: How the Body Releases Trauma and Restores Goodness. North Atlantic Books.
  3. Ogden, P., & Fisher, J. (2015). Sensorimotor Psychotherapy: Interventions for Trauma and Attachment. W. W. Norton.
  4. Shapiro, F. (2018). Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) Therapy (3.ª ed.). Guilford Press.
  5. Schwartz, R. C., & Sweezy, M. (2020). Internal Family Systems Therapy (2.ª ed.). Guilford Press.
  6. Mitchell, J. M., et al. (2021). MDMA-assisted therapy for severe PTSD: A randomized, double-blind, placebo-controlled phase 3 study. Nature Medicine, 27(6), 1025–1033.
  7. Corrigan, F. M., & Hull, A. M. (2015). Recognition of the neurobiological insults imposed by complex trauma. BJPsych Bulletin, 39(2), 79–86.

Conceptos clave

Procesamiento de abajo hacia arriba
Intervención que parte del cuerpo —respiración, postura, movimiento, orientación— para modificar el estado autónomo, y que puede aplicarse incluso cuando la corteza no está disponible.
Procesamiento de arriba hacia abajo
Intervención que parte del pensamiento y el significado, como la reestructuración cognitiva o la construcción narrativa. Requiere un estado vagal ventral suficiente para funcionar.
Titulación
Dosificación deliberada de la exposición al material traumático en fragmentos que el sistema nervioso puede procesar sin desbordarse ni colapsar.
Pendulación
Alternancia intencional entre el contacto con el material activador y el retorno a un estado regulado, de modo que el sistema aprenda que la activación es reversible.
Estado de seguridad terapéutica
Condición fisiológica mínima, sostenida por el vago ventral, que hace posible el trabajo con el contenido traumático sin que el paciente se disocie o se desborde.

Preguntas frecuentes

¿Existe la terapia polivagal?

No como método con manual, protocolo y evidencia propia. La teoría polivagal es un marco conceptual que informa la manera de conducir el tratamiento, no una técnica independiente. Quien la presenta como una terapia con eficacia demostrada está afirmando más de lo que se sostiene.

¿Por qué hay que regular antes de procesar el trauma?

Porque el procesamiento requiere que el paciente pueda sostener a la vez el contacto con el recuerdo y la conciencia de estar a salvo en el presente. Esa doble atención depende del vago ventral. Sin ella, la exposición al material traumático no integra nada: reactiva.

¿Cómo se relaciona la teoría polivagal con el EMDR?

El EMDR ya contemplaba en su protocolo una fase inicial de preparación y estabilización antes del procesamiento. La lectura polivagal aporta criterios fisiológicos concretos para decidir cuándo esa fase está completa y para reconocer que un paciente está entrando en colapso durante una sesión.

¿Qué son las intervenciones de abajo hacia arriba?

Aquellas que empiezan por el cuerpo: alargar la exhalación, cambiar la postura, orientar la mirada hacia el entorno, moverse, ajustar el ritmo de la voz. Su ventaja es que funcionan en estados en los que la reflexión no está disponible, porque no dependen de la corteza.

¿Puede la teoría polivagal usarse mal en terapia?

Sí, y ocurre. Los usos problemáticos más frecuentes son quedarse indefinidamente en la regulación sin procesar nunca el trauma, presentar el modelo como ciencia establecida en todos sus extremos y sustituir el diagnóstico diferencial por una lectura polivagal que no descarta causas médicas del cuadro.

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Retrato de Oscar Rivas

Oscar Rivas, PhD

Psicólogo clínico, especialista e investigador en trauma psicológico. Conocer más

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