
Teoría polivagal · Artículo 7
¿Es ciencia la teoría polivagal? Las críticas y lo que queda en pie
Paul Grossman sostiene que sus premisas evolutivas son falsas. Porges responde que sus críticos confunden el modelo con su medida. Un examen honesto de qué partes son fisiología aceptada, qué está en disputa y por qué sigue siendo útil en la consulta aunque el debate quede abierto.
Oscar Rivas, PhD
· 16 min de lectura
He dedicado seis artículos a un modelo que uso todos los días, y en cada uno de ellos he dejado alguna advertencia. Toca ahora explicarlas. Porque el problema de la teoría polivagal no es que sea falsa: es que su versión divulgada avanza mucho más rápido y mucho más lejos que la evidencia que la sostiene, y eso acaba perjudicando a lo que tiene de bueno.
La pregunta que da título a este artículo se busca mucho y se responde mal. En un extremo, la divulgación entusiasta que trata el modelo como neurociencia establecida. En el otro, el escepticismo que lo despacha como pseudociencia de librería de autoayuda. Ninguna de las dos posiciones resiste una lectura atenta de la literatura.
La crítica de Grossman: el problema del pez
Paul Grossman es un investigador en psicofisiología que lleva más de una década argumentando contra los fundamentos de este modelo, con Milton Taylor y en publicaciones posteriores en solitario. Su objeción principal es de anatomía comparada y es demoledora en su simplicidad.
La teoría polivagal afirma que el vago mielinizado es una innovación de los mamíferos, aparecida hace unos doscientos millones de años, y que en ella se funda la capacidad de conexión social. Grossman señala que eso no es cierto: existen fibras vagales mielinizadas en peces teleósteos, en anfibios y en reptiles. Los peces pulmonados tienen control vagal cardiorrespiratorio. La mielina en el vago no es un invento mamífero.
Y si la premisa filogenética falla, falla el argumento que da al modelo su fuerza retórica. Porque lo atractivo de la teoría polivagal no es solo que describa tres estados, sino que los ordene en una historia evolutiva con un relato coherente. Si la historia no es exacta, quedan tres estados sin la narrativa que los explicaba.
La segunda objeción es metodológica y afecta a la investigación empírica. La mayoría de los estudios que se citan como apoyo miden arritmia sinusal respiratoria, la variación del latido con la respiración, y la interpretan como índice del circuito ventral. Grossman sostiene que la arritmia respiratoria tiene un origen fisiológico más complejo, con contribuciones mecánicas y respiratorias que no se reducen a actividad vagal ventral, de modo que usarla como su medida específica no valida el modelo: presupone lo que habría que demostrar.
Bien establecido
Fisiología aceptada más allá del debate
- El vago tiene ramas anatómicamente distintas, con y sin mielina
- El vago ventral ejerce un freno rápido sobre el corazón
- La variabilidad de la frecuencia cardíaca indexa la regulación autónoma
- Existen respuestas defensivas de inmovilización, no solo de lucha o huida
- La presencia de otra persona modifica de forma medible la fisiología
En disputa
Objeciones de Grossman, Taylor y otros
- La secuencia filogenética: hay vago mielinizado en peces y reptiles
- Que la arritmia respiratoria mida específicamente el circuito ventral
- Que los tres estados se ordenen en una jerarquía estricta y única
- Formulaciones difíciles de falsar tal como están enunciadas
Metáfora clínica útil
Valioso como lenguaje, no como prueba
- Nombrar estados corporales en lugar de diagnosticar carácter
- Devolver dignidad al colapso: era protección, no cobardía
- Explicar por qué el vínculo terapéutico interviene, no solo acompaña
- Dar a los pacientes un mapa que reconocen en su propio cuerpo
Distinguir estas tres columnas no debilita la teoría polivagal: es la única manera honesta de usarla. Lo que está en disputa no debería presentarse como hecho, y lo que funciona como lenguaje clínico no deja de servir por estar en disputa como mecanismo.
Bien establecido: el vago tiene ramas con y sin mielina, ejerce un freno rápido sobre el corazón, la variabilidad cardíaca indexa la regulación autónoma, existen respuestas de inmovilización además de lucha y huida, y la presencia de otra persona modifica la fisiología de forma medible. En disputa: la secuencia filogenética, la especificidad de la arritmia respiratoria como medida, la jerarquía estricta de los tres estados y la falsabilidad de algunas formulaciones. Metáfora clínica útil: nombrar estados en lugar de diagnosticar carácter, devolver dignidad al colapso, explicar el papel activo del vínculo y ofrecer al paciente un mapa reconocible.
La respuesta de Porges
Porges ha respondido, y conviene recogerlo con justicia. Su argumento central es que sus críticos confunden la teoría con la medida usada para operacionalizarla: los problemas de la arritmia respiratoria como índice no invalidan el modelo, del mismo modo que las limitaciones de un termómetro no refutan la termodinámica.
Sobre la filogenia, matiza que su afirmación no era que la mielina apareciera con los mamíferos, sino que en los mamíferos existe un patrón funcional integrado que no se encuentra en otros vertebrados: la conexión entre la regulación cardíaca rápida y los circuitos de la comunicación social —cara, voz, oído medio—, que es lo que describía el cuarto artículo de esta serie. La novedad, en su lectura, no es la fibra, es la integración.
Mi valoración, y aquí hablo como clínico y no como fisiólogo comparado: la respuesta sobre la medida es razonable, la respuesta sobre la filogenia es más débil. Es una reformulación que salva la parte funcional del modelo a costa de rebajar considerablemente la contundencia con que la premisa evolutiva se enunció y se sigue divulgando. Y hay una objeción epistemológica más general que no queda resuelta: si el modelo se reformula cada vez que un dato lo contradice, se vuelve difícil saber qué observación podría refutarlo. Eso es un problema, y no menor.
Una teoría que ninguna observación puede refutar no está protegida: está fuera del juego en el que se decide qué sabemos.
Por qué tampoco es pseudociencia
Dicho todo lo anterior, la etiqueta de pseudociencia es igualmente inexacta y conviene explicar por qué, porque la distinción tiene consecuencias.
La pseudociencia se caracteriza por operar fuera del sistema de control científico: no se publica donde puede ser evaluada, no responde a las objeciones, invoca autoridad o conspiración cuando se la cuestiona. Nada de eso ocurre aquí. Porges es un investigador con obra reconocida en psicofisiología, la teoría se publicó en revistas con revisión por pares, sus críticos son científicos que la discuten con datos, y ha habido intercambio publicado en ambas direcciones. Eso es, exactamente, cómo funciona la ciencia cuando funciona.
La descripción precisa es otra: la teoría polivagal es una hipótesis integradora ambiciosa, con componentes bien fundados, componentes seriamente cuestionados y una popularización que ha desbordado ampliamente su base empírica. Ese diagnóstico no es infrecuente en la historia de las ciencias del comportamiento, y no es deshonroso. Lo deshonroso es ocultarlo.
La distinción que resuelve el problema práctico
Aquí está, en mi opinión, la clave para poder seguir usando este marco sin faltar a la verdad: hay que distinguir entre la validez de un mecanismo fisiológico y la utilidad de un lenguaje clínico. Son dos preguntas distintas, con criterios de evaluación distintos, y confundirlas es lo que produce tanto el entusiasmo acrítico como el rechazo total.
Cuando le digo a un paciente que su parálisis durante la agresión fue una respuesta protectora antigua y no un fallo de carácter, la fuerza de esa intervención no depende de que la mielina vagal apareciera en el Jurásico. Depende de que exista una respuesta defensiva de inmovilización, lo cual está bien documentado desde mucho antes de Porges, y de que esa formulación le permita reorganizar su relación con lo que le ocurrió.
Del mismo modo, cuando organizo un tratamiento regulando antes de procesar, mi criterio no descansa en la secuencia filogenética: descansa en que los pacientes desbordados no integran, algo que cualquier clínico con experiencia ha comprobado y que el modelo por fases de Herman ya formulaba en 1992 sin necesidad de vagos ventrales.
Es decir: casi todo lo que hago con este marco se sostiene en observaciones que no dependen de las partes discutidas. La teoría polivagal me dio un vocabulario y un orden para pensarlo, y eso tiene un valor real. No me dio una prueba, y no debo usarla como si me la hubiera dado.
Cómo hablo de esto con pacientes y con colegas
Con pacientes, uso el lenguaje sin la etiqueta. Hablo de estados, de señales de seguridad, de lo que el cuerpo hizo para protegerse. No digo tu vago dorsal está activado, porque eso convierte una hipótesis en un diagnóstico y le da al paciente una certeza que no le corresponde. Y si alguien me pregunta directamente si esto es ciencia probada, respondo que es un modelo muy útil sobre el que hay debate abierto. Nunca he visto que esa respuesta debilitara el trabajo. Suele fortalecerlo, porque el paciente registra que no le estoy vendiendo nada.
Con colegas y en formación, soy más explícito, porque un profesional que va a usar un marco tiene derecho a conocer sus límites. Enseño la teoría y enseño las críticas de Grossman en la misma sesión. En mi experiencia, quienes aprenden ambas cosas usan el modelo mejor: con más flexibilidad, con menos tentación de forzar cada caso hasta que encaje en tres cajones.
Lo que aprendí de Porges sobre esto
Cierro donde empezó la serie. Cuando le pregunté en Boston por las críticas, no las esquivó y no se puso a la defensiva. La impresión que me quedó es la de alguien que sabe que propuso una hipótesis fuerte, que las hipótesis fuertes se corrigen, y que eso no es una amenaza sino el procedimiento normal.
Es curioso que el mayor problema de la teoría polivagal no venga de su autor sino de sus divulgadores más entusiastas: quienes la citan con una seguridad que él mismo no exhibe. Suele pasar. Las ideas se endurecen a medida que se alejan de quien las pensó.
Mi conclusión, después de años usándola, es que la teoría polivagal es probablemente incorrecta en algunos detalles importantes y profundamente correcta en su intuición central: que la seguridad es una condición fisiológica antes que una idea, y que el estado del cuerpo determina lo que la mente puede hacer. Si el mecanismo exacto acaba describiéndose de otro modo —y es bastante posible que así sea—, esa intuición sobrevivirá al cambio. Y el modo en que ha transformado la manera de tratar el trauma en las últimas dos décadas seguirá siendo mérito suyo.
Referencias
- Grossman, P., & Taylor, E. W. (2007). Toward understanding respiratory sinus arrhythmia: Relations to cardiac vagal tone, evolution and biobehavioral functions. Biological Psychology, 74(2), 263–285.
- Grossman, P. (2023). Fundamental challenges and likely refutations of the five basic premises of the polyvagal theory. Biological Psychology, 180, 108589.
- Porges, S. W. (2007). The polyvagal perspective. Biological Psychology, 74(2), 116–143.
- Porges, S. W. (2023). The polyvagal perspective in the context of the critiques: A response. Biological Psychology, 181, 108608.
- Taylor, E. W., et al. (2014). The phylogeny and ontogeny of autonomic control of the heart and cardiorespiratory interactions in vertebrates. Journal of Experimental Biology, 217(5), 690–703.
- Neuhuber, W. L., & Berthoud, H. R. (2022). Functional anatomy of the vagus system: How does the polyvagal theory comply? Autonomic Neuroscience, 239, 102939.
- Herman, J. L. (1992). Trauma and Recovery. Basic Books. [Trad. esp.: Trauma y recuperación. Espasa.]
Conceptos clave
- Arritmia sinusal respiratoria
- Variación del ritmo cardíaco sincronizada con la respiración, utilizada como índice indirecto de actividad vagal. La teoría polivagal la atribuye específicamente al circuito ventral, lo que constituye uno de los puntos más discutidos.
- Falsabilidad
- Criterio según el cual una afirmación científica debe poder ser refutada por observaciones posibles. Varias críticas a la teoría polivagal señalan que algunas de sus formulaciones son difíciles de falsar tal como están enunciadas.
- Anatomía comparada
- Estudio de las estructuras corporales entre especies para reconstruir su historia evolutiva. Es la disciplina desde la que se ha objetado la secuencia filogenética que propone la teoría polivagal.
- Metáfora clínica
- Modelo que resulta útil para organizar la observación y comunicar con el paciente sin que su valor dependa de la exactitud literal de sus mecanismos.
- Neuropalabrería
- Uso de terminología neurocientífica para dotar de autoridad aparente a afirmaciones que no se apoyan en la evidencia que sugieren. Es el principal riesgo divulgativo de la teoría polivagal.
Preguntas frecuentes
¿La teoría polivagal es pseudociencia?
No en sentido estricto. Fue formulada por un investigador reconocido, publicada en revistas con revisión por pares y sus críticos son científicos que la discuten con argumentos empíricos. Pero tampoco es una teoría confirmada: varias de sus premisas centrales están seriamente cuestionadas y su divulgación popular ha ido mucho más allá de lo que la evidencia respalda.
¿Qué critica exactamente Paul Grossman a la teoría polivagal?
Fundamentalmente dos cosas. Primero, que su premisa filogenética es incorrecta: existe vago mielinizado en peces teleósteos y en reptiles, de modo que no es una innovación exclusiva de los mamíferos. Segundo, que la arritmia sinusal respiratoria no puede utilizarse como índice específico del circuito ventral, porque su origen fisiológico es más complejo.
¿Qué responde Porges a estas críticas?
Sostiene que sus críticos confunden la teoría con la medida concreta que se usa para operacionalizarla, y que sus afirmaciones se refieren a un patrón funcional integrado propio de los mamíferos —la conexión entre regulación cardíaca y comunicación social— más que a la presencia aislada de mielina en una fibra. El intercambio sigue abierto.
¿Se puede usar la teoría polivagal en terapia si está en disputa?
Sí, siempre que se sea explícito sobre su estatus. Un modelo puede ser clínicamente útil como lenguaje y como guía de observación sin que sus mecanismos estén confirmados. Lo que no es aceptable es presentarlo al paciente o al público como un hecho neurocientífico establecido.
¿Qué partes de la teoría polivagal están bien establecidas?
Que el vago tiene ramas anatómicamente distintas con y sin mielina; que ejerce una influencia inhibitoria rápida sobre el corazón; que la variabilidad de la frecuencia cardíaca indexa la regulación autónoma; que existen respuestas defensivas de inmovilización además de la lucha y la huida; y que la presencia de otra persona modifica la fisiología de forma medible.
¿Por qué la teoría polivagal se hizo tan popular?
Porque ofreció a los clínicos del trauma un lenguaje fisiológico para algo que observaban a diario y no sabían explicar, y porque devuelve dignidad a los pacientes al reinterpretar sus síntomas como protección en lugar de defecto. Esa utilidad explica su difusión, y también por qué se ha extendido más rápido que la evidencia que la sostiene.
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