Teoría polivagal · Artículo 2

Los tres estados del sistema nervioso: ventral, simpático y dorsal

Cómo se reconoce cada estado autónomo en el cuerpo y en la mente, por qué el colapso está por debajo de la ansiedad y no más allá de ella, y por qué un paciente que por fin siente angustia puede estar mejorando.

Retrato de Oscar Rivas

Oscar Rivas, PhD

· 15 min de lectura

Un hombre llega a consulta derivado por su médico de familia. Lleva ocho meses sin poder trabajar. Cuando le pregunto cómo se siente, tarda en responder y al final dice: no siento nada. Ni bien ni mal. Es como si estuviera detrás de un cristal. Duermo doce horas y me levanto agotado. Mi mujer me habla y oigo las palabras, pero llegan desde lejos. No estoy triste. Estoy apagado.

Cinco meses después, ese mismo hombre entra a la sesión visiblemente alterado. Está irritable, no puede quedarse quieto en la silla, dice que ha tenido dos crisis de ansiedad en la semana y que ha discutido con su jefe por primera vez en su vida. Y me pregunta, angustiado, si está empeorando.

Le dije que no. Le dije que estaba subiendo. Este artículo explica por qué esa respuesta, que suena a consuelo improvisado, es en realidad una lectura fisiológica bastante precisa.

Tres estados, no tres emociones

Lo primero que conviene fijar: los tres estados de la teoría polivagal no son emociones ni estados de ánimo. Son configuraciones fisiológicas globales. Y su rasgo más importante es que no solo determinan cómo se siente el cuerpo, sino qué está disponible para la mente.

En cada estado cambian tres cosas a la vez: la fisiología, la percepción y el repertorio de conductas posibles. Un mismo comentario de tu pareja resulta gracioso en un estado, hiriente en otro e irrelevante en el tercero. No porque hayas decidido interpretarlo distinto, sino porque el sistema desde el que lo escuchas es literalmente otro. Como dice Deb Dana, el estado precede a la historia: primero el cuerpo se configura, después la mente redacta la explicación de por qué tenía razón en configurarse así.

FiguraLa escalera autonómica: los tres estados en cuerpo y mente

Vagal ventral

"Estoy a salvo y acompañado"

Cuerpo
Respiración amplia, latido flexible, cara expresiva, voz con melodía, digestión activa
Mente
Curiosidad, perspectiva, sentido del humor, capacidad de escuchar y de pensar en el otro

Simpático

"Tengo que hacer algo ya"

Cuerpo
Taquicardia, tensión muscular, respiración corta, sudoración, digestión detenida
Mente
Urgencia, hipervigilancia, pensamiento en bucle, irritabilidad, todo se lee como amenaza

Vagal dorsal

"No hay salida: desaparezco"

Cuerpo
Bradicardia, pesadez, entumecimiento, palidez, frío, cara inexpresiva
Mente
Niebla, vacío, desconexión, desesperanza, sensación de estar mirando la vida desde fuera

La escalera se baja peldaño a peldaño y se sube en el mismo orden: del colapso no se salta a la calma, se pasa primero por la activación. Por eso un paciente que empieza a sentir ansiedad después de meses de vacío puede estar mejorando, no empeorando.

Cada estado autónomo se reconoce por un conjunto coherente de signos corporales y mentales. En vagal ventral hay respiración amplia, latido flexible, cara expresiva y voz melodiosa, junto a curiosidad y perspectiva. En simpático aparecen taquicardia, tensión muscular y respiración corta, con urgencia, hipervigilancia y pensamiento en bucle. En vagal dorsal predominan la bradicardia, la pesadez, el entumecimiento y la palidez, con niebla mental, vacío y desesperanza. La escalera se baja y se sube peldaño a peldaño: del colapso no se salta a la calma.

Vagal ventral: estoy a salvo y acompañado

Es el estado en el que un ser humano funciona bien. El corazón late con flexibilidad —variabilidad alta, que es el marcador de un sistema que puede adaptarse—, la respiración es amplia, la digestión trabaja, las manos están templadas. La cara es expresiva y la voz tiene melodía.

Pero lo decisivo es lo que se vuelve posible: curiosidad, sentido del humor, capacidad de escuchar a otro sin defenderse, de sostener dos ideas contradictorias, de imaginar el futuro. La empatía requiere vago ventral. La creatividad requiere vago ventral. Y la psicoterapia que trabaja con significado y perspectiva también. Este es un punto al que volveré varias veces en esta serie.

Simpático: tengo que hacer algo ya

Cuando la neurocepción detecta peligro y la vía social no resuelve, el freno vagal se suelta y entra la movilización. Adrenalina y cortisol, corazón acelerado, músculos tensos, respiración corta y alta, sudoración, pupilas dilatadas. La digestión se detiene: no es momento de digerir, es momento de correr.

La mente se estrecha en la misma dirección. Todo se lee como amenaza, la atención se vuelve hipervigilante, el pensamiento entra en bucle y la paciencia desaparece. La perspectiva a largo plazo se apaga porque no sirve: nadie planifica su jubilación mientras huye de un incendio. Lo que clínicamente llamamos ansiedad, ataques de pánico, ira explosiva o irritabilidad crónica vive casi todo en este peldaño.

Vagal dorsal: no hay salida, desaparezco

Y si movilizarse tampoco es posible, el sistema desciende al último recurso. El vago dorsal no acelera: apaga. Baja el ritmo cardíaco, reduce el metabolismo, produce palidez, frío, pesadez, entumecimiento. La cara pierde expresión. La voz se vuelve monótona. En su forma extrema, desmayo.

La experiencia subjetiva es la de mi paciente: el cristal. Niebla, vacío, desconexión, desesperanza, la sensación de mirar la propia vida desde fuera. Aquí viven la disociación, el embotamiento afectivo, buena parte de lo que diagnosticamos como depresión, la fatiga que no cede con descanso y esa forma de anestesia que muchos pacientes describen como estar muerto por dentro.

La inmovilización no es la ausencia de respuesta. Es una respuesta antiquísima que se ejecuta cuando el sistema concluye que ninguna otra puede salvarlo.

Oscar Rivas

Por qué el colapso está por debajo, no más allá

Esta es la aportación de la metáfora de la escalera y, en mi experiencia clínica, la más útil de todo el modelo.

El sentido común ordena el sufrimiento en una recta: estar tranquilo, estar ansioso, y si empeora mucho, hundirse. Como si la depresión fuera ansiedad elevada al cuadrado, un punto más lejano en la misma dirección. La teoría polivagal propone otra geometría. El colapso no está más allá de la ansiedad: está por debajo. Son peldaños distintos de una escalera, y el dorsal es el de abajo.

La consecuencia es inmediata y contraintuitiva: para salir del colapso hay que pasar por la activación. No hay un atajo del entumecimiento a la calma. El camino de vuelta recorre los mismos peldaños que el de ida, en orden inverso. Y eso significa que la primera señal de mejoría en un paciente profundamente apagado no será serenidad. Será ansiedad, llanto, rabia, agitación, ganas de discutir. Vitalidad desagradable, pero vitalidad.

Por eso a aquel hombre le dije que estaba subiendo. Había pasado ocho meses detrás de un cristal y de pronto tenía crisis de ansiedad y discutía con su jefe. Visto desde el sentido común, se había deteriorado. Visto desde la escalera, había subido un peldaño: su sistema por fin disponía de energía suficiente para protestar. Nuestro trabajo no consistía en devolverle el silencio, sino en acompañarlo un peldaño más arriba.

Los estados mixtos: donde el modelo se vuelve fino

Presentar tres estados puros es una simplificación didáctica. En la práctica se combinan, y las combinaciones explican fenómenos que de otro modo resultan desconcertantes.

  • Dorsal con ventral: inmovilidad sin miedo. Es la quietud del abrazo prolongado, de la intimidad sexual, del sueño reparador, de la meditación profunda. Estar quieto y a salvo al mismo tiempo. Muchos supervivientes de trauma han perdido justamente esta mezcla: para ellos toda quietud es peligrosa.
  • Simpático con ventral: movilización sin miedo. El juego, el deporte, la danza, la discusión apasionada entre quienes se quieren. Activación intensa que no rompe el vínculo. Es lo que distingue jugar a pelear de pelear.
  • Simpático con dorsal: el estado más duro. El cuerpo inmóvil por fuera y en terror por dentro. Es la parálisis del asalto, el freeze del que la persona sale diciendo que estaba gritando por dentro sin poder mover un dedo.

La tercera combinación es especialmente importante en el trabajo con trauma sexual y con trauma infantil, porque es la que produce esa experiencia atroz de estar presente y ausente a la vez, y la que después alimenta la culpa: si lo estaba viviendo con tanto horror, cómo es que no me moví.

Cómo se usa esto en la práctica

Cuando trabajo con un paciente, la pregunta que me hago al principio de cada sesión no es qué tema toca hoy. Es en qué peldaño está entrando. Y la respuesta no la busco en lo que dice, sino en cómo lo dice: el ritmo de la respiración, el color de la cara, si la voz tiene melodía o es plana, si los ojos se encuentran con los míos o resbalan, si el cuerpo está tenso o desplomado en la silla.

Porque de esa lectura depende todo lo demás. A un paciente en ventral se le puede proponer que revise una creencia. A uno en simpático hay que ayudarlo a descargar antes de pedirle que piense. Y a uno en dorsal, pedirle reflexión o insight es pedirle algo que su fisiología no puede entregar, y encima dejarle la impresión de que ha fracasado en algo sencillo. Ese es el tema del sexto artículo de la serie.

Referencias

  1. Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. W. W. Norton.
  2. Dana, D. (2018). The Polyvagal Theory in Therapy: Engaging the Rhythm of Regulation. W. W. Norton. [Trad. esp.: La teoría polivagal en terapia. Eleftheria.]
  3. Dana, D. (2020). Polyvagal Exercises for Safety and Connection. W. W. Norton.
  4. Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the Body: A Sensorimotor Approach to Psychotherapy. W. W. Norton.
  5. Siegel, D. J. (1999). The Developing Mind. Guilford Press.
  6. Schauer, M., & Elbert, T. (2010). Dissociation following traumatic stress: Etiology and treatment. Zeitschrift für Psychologie, 218(2), 109–127.

Conceptos clave

Vago ventral
Rama mielinizada del nervio vago que sostiene el estado de seguridad y conexión social. Permite estar calmado y alerta a la vez: sentir y pensar simultáneamente.
Vago dorsal
Rama no mielinizada del nervio vago responsable de la inmovilización defensiva. Produce colapso, entumecimiento, desconexión y disociación cuando el sistema concluye que no hay salida.
Estado autónomo
Configuración fisiológica global del sistema nervioso en un momento dado, que determina no solo cómo se siente el cuerpo, sino qué percepciones, pensamientos y conductas están disponibles.
Escalera autonómica
Metáfora de Deb Dana que representa los tres estados como peldaños. El descenso y el ascenso son secuenciales: del colapso no se salta a la calma sin pasar por la movilización.
Estado mixto
Combinación simultánea de dos circuitos. El más relevante en clínica es la mezcla de dorsal y ventral, que hace posible la quietud sin miedo, y la de simpático con dorsal, que produce inmovilidad con terror interno.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los tres estados del sistema nervioso autónomo?

Vagal ventral, el estado de seguridad y conexión social; simpático, el de movilización para luchar o huir; y vagal dorsal, el de inmovilización, colapso y desconexión. Los dos últimos son estados defensivos, y el dorsal es el más antiguo y el último recurso del sistema.

¿Qué es el vago dorsal y qué se siente al estar en él?

Es la rama no mielinizada del nervio vago, responsable de la inmovilización defensiva. Se siente como pesadez, entumecimiento, niebla mental, frío, vacío y desconexión de uno mismo y de los demás. Muchas personas lo describen como estar mirando su propia vida desde fuera de un cristal.

¿Cómo saber en qué estado autónomo estoy?

Los indicadores más fiables no son los pensamientos, sino los signos corporales: el ritmo del corazón y de la respiración, la temperatura de manos y pies, la tensión muscular, la expresividad de la cara y la melodía de la voz. La mente sigue al cuerpo, no al contrario.

¿Se puede pasar directamente del colapso a la calma?

Según el modelo, no. El ascenso recorre los mismos peldaños que el descenso, así que salir del dorsal implica pasar por la activación simpática. Esto explica que la aparición de ansiedad, ira o llanto en un paciente que llevaba meses entumecido suela ser una señal de movimiento favorable, no de recaída.

¿Estar en estado simpático es siempre negativo?

No. La activación simpática es necesaria para el esfuerzo, el deporte, la creatividad y la defensa legítima. Se vuelve problemática cuando se dispara sin amenaza real, cuando no se apaga al terminar el peligro o cuando la persona no dispone del freno vagal que le permite regresar.

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  • trauma
Retrato de Oscar Rivas

Oscar Rivas, PhD

Psicólogo clínico, especialista e investigador en trauma psicológico. Conocer más

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